La Nueve
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¿Qué es la recreación histórica?

La historia militar como afición tiene variadas formas de expresarse, que van desde la simple lectura de libros especializados hasta la práctica de disciplinas o “hobbys” que exigen habilidades técnicas o artísticas singulares como el modelismo y el miniaturismo, o los juegos de guerra. También el coleccionismo de objetos relacionados con lo militar, la llamada “Militaria”, está siendo objeto de un interés creciente y cada día se incorporan a ella nuevos aficionados.

La llamada reconstrucción o recreación histórica puede entenderse como una variante, realmente singular, de esta afición. Tiene elementos cruzados de coleccionismo con algo parecido a un juego de “rol”, aunque exige, para ser practicada como corresponde, poseer amplios conocimientos sobre todo lo relacionado con la forma de hacer la guerra en la época histórica que se pretende “reconstruir”, y requiere a menudo el estudio de detalles muy concretos de la vida del soldado de que se trate. Porque, en esencia, el “re-enactement” (término anglosajón comúnmente utilizado para identificar esta actividad), consiste en “convertirse” por una horas en un soldado, guerrero o combatiente de alguna época histórica marcada por la existencia de la guerra. De cómo se lleve a cabo esta conversión, de su rigor y autenticidad, y de su seriedad en la ejecución dependerá si se trata de una verdadera “recreación” o de un simple juego de disfraces para pasar el rato.

La época clásica, la medieval y las guerras napoleónicas son excelentes entornos históricos para la práctica del “re-enactement”. La Roma antigua ha inspirado excelentes grupos, y el interés por las Guerras Napoleónicas hace tiempo que produce formidables recreaciones con intervención de centenares de participantes. En los últimos tiempos, una verdadera pasión por estas actividades se ha desatado en Gran Bretaña o Estados Unidos. No debe olvidarse que tiene una importante dimensión pedagógica, y que su espectacularidad la convierten en una combinación de cultura y espectáculo muy apropiada para ser presentada en público.

Pero de lo que vamos hablar de aquí es de la reconstrucción histórica de la Segunda Guerra Mundial, el gran conflicto que ha capturado, más que ningún otro, el interés y la imaginación de estudiosos y aficionados a la historia militar. Hay variadas razones que estimulan la preferencia por ser “re-enactor” de la SGM, al margen de que se trate del “gran tema” entre todas la las confrontaciones bélicas. Fuera de España hay, desde luego, razones sentimentales, de recuerdo a padres y abuelos que vivieron la experiencia, pero también otras razones más simples: las generaciones que no conocieron la guerra en carne propia la han imaginado a través de herramientas de comunicación como el cine, la televisión, la literatura o el cómic que, más allá de las visiones antibelicistas que muy a menudo estos instrumentos quieren transmitir, estimulan un cierto ansia por rememorar la guerra “jugando”, en el sentido más adulto del término, a convertirse en los personajes que sí la vivieron. Para ello encuentran, además, que todavía se puede adquirir el material original utilizado entonces, aunque su precio se ha disparado por el aumento de la demanda, y que esa misma demanda ha favorecido la aparición de una “industria auxiliar” dedicada a las reproducciones de uniformes y equipos con notable fidelidad. Si a esto unimos la expansión del comercio electrónico y la facilidad para acceder a las “tiendas virtuales” abiertas en Internet, encontramos una realidad en la que las posibilidades de tener todo lo necesario para practicar el “re-enactement” se ha simplificado considerablemente.

Estados Unidos, y en menor medida Gran Bretaña son, también en este caso, los países en los que ha surgido el mayor número de grupos. Lo primero que llama la atención es que los más exitosos son los grupos de re-enactors que representan a combatientes alemanes, ya sean de la Whermatch como de las SS. Además, su “industria auxiliar” es la más potente, entre otras cosas porque los precios del material original alemán alcanza precios astronómicos. Curiosamente, el grupo más conocido de todos tiene su sede en Inglaterra y es el “Second Battle Group”, una unidad SS que funciona con una disciplina y precisión “germánicas”. En el campo aliado, los grupos que representan a U.S. Army se decantan por las unidades clásicas de la Infantería como la 1ª o la 29ª Divisiones, y muy especialmente por unidades especiales como los Rangers y los paracaidistas. Esta devoción por las élites no deriva sólo del deseo de tomar como referencia a los mejores de cada ejército, sino también de la influencia de las últimas producciones del renovado cine bélico (“Salvar al soldado Ryan”, “Hermanos de sangre”) que, con una puesta en escena tan realista en las formas como rigurosa en los detalles, ha estimulado la emulación de los protagonistas. Mención aparte merece Francia, donde la prohibición que afecta a la exhibición de cualquier cosa que pueda interpretarse como apología del nazismo (una regla con comprobados excesos) y otras razones de orden social, han motivado que esta afición se practique de una forma más minoritaria de lo que correspondería a un país con esa historia a cuestas, y a pesar de disponer de una importante tradición en el coleccionismo de vehículos militares, una pasión fronteriza con el re-enactement.

¿Qué pasa en España?

En principio, no parece que se den los requisitos para que en España exista una especial aceptación de la reconstrucción histórica de la Segunda Guerra Mundial. No participamos significativamente en ella, hay muy poco material original en nuestro país utilizable para ese fin, hay que hacer un desembolso importante y, además de todo eso, ni la conciencia social ni la legislación vigente ayudan mucho. La primera, porque tiende a ver, en muchos casos, un puro divertimento, un juego de niños-adultos cargado de connotaciones adversas. La segunda, porque para practicar el re-enactement se precisa disponer de armas (inutilizadas o de fogueo) y ese es un terreno tan resbaladizo como ambiguo, en el que la tolerancia y el sentido común se alternan con las restricciones más absurdas. Y sin embargo, se mueve. Hace cuatro años, la Fundación Don Rodrigo promovió los primeros encuentros de “uniformados”, alemanes y aliados, y organizó las primeras “reconstrucciones” de combates de la Segunda Guerra Mundial. Enseguida se comprobó que había espacio para el desarrollo de esta afición, siempre que se cumpliesen algunos requisitos: el primero de todos ellos, el respeto a la legalidad vigente. Si se pide la correspondiente autorización a la Guardia Civil, como responsable en la materia, sin duda se acaba imponiendo una interpretación favorable. Pero para ello, hay que garantizar que la actuación del grupo va a ser seria y responsable. El segundo requisito es la organización. La reconstrucción histórica es una actividad de grupos, y requiere que los participantes estén encuadrados en ellos de una manera estable y comprometida. De esta manera se garantiza la práctica responsable y la eficiencia en el funcionamiento.

Y el tercer requisito es el rigor y la autenticidad. No se trata de “disfrazarse” sino de acercarse a la personalidad del combatiente al que se representa, y eso exige también que cada participante conozca con precisión cual debe ser, en una reconstrucción histórica, su aspecto físico, su indumentaria y equipo y, sobre todo, las acciones que se van a requerir y cómo ejecutarlas de manera históricamente correcta. Con estos planteamientos, en los últimos años han ido apareciendo grupos que se han aplicado a desarrollarlos asumiendo la diversidad de fuerzas combatientes en la Segunda Guerra Mundial, y a los que se han ido incorporando miembros que han escogido su encuadramiento según su preferencia personal. Así, además de varios proyectos más o menos estables sin proyección externa hasta el momento, existe la 1ª División Panzer L.A.H., sin duda el grupo “alemán” más completo y de mayor autenticidad de los existentes, la 1ª División de Infantería estadounidense, la archiconocida “Big Red One” , una división en ciernes de Guardias del Ejército Rojo...y La Nueve.

¿Por qué La Nueve?

La Nueve es un grupo de reconstrucción histórica que representa a la 9ª Compañía del Regimiento de Marcha del Chad, perteneciente a la Segunda División Acorazada (2e DB) de las Fuerzas Francesas Libres, también conocida como División Leclerc. Esta unidad estaba formada en su inmensa mayoría, por republicanos españoles exiliados, y sin duda es recordada especialmente por haber sido la primera en haber entrado en París la tarde del 24 de agosto de 1944. De su memoria ha quedado, más que los nombres de sus componentes, los de algunos de sus vehículos: los semiorugas bautizados como “Madrid”, “Guadalajara”, “España Cañí”, “Brunete” , “Santander” y otros de resonancia hispánica, que se hicieron famosos en las calles de París. Pero la historia de “La Nueve” es más larga que su entrada en París, y la trayectoria personal de sus componentes trasciende la anécdota de una acción puntual. Las razones por las que un grupo de “iniciados” en la recreación histórica decidimos “reconstruir” La Nueve tienen que ver con el deseo de añadir al puro entretenimiento un factor de reivindicación del papel de los españoles en la victoria de los aliados, por más que éste haya sido menos que marginal, en términos cuantitativos. La opción más convencional hubiera sido formar un grupo que representara una unidad estadounidense, o quizás británica, pero nos resultaba distante. Al tratarse de combatientes españoles se pueden compartir con ellos actitudes e incluso unos mismos rasgos físicos, aunque es más determinante la proximidad emocional y sentimental a quienes, tras haber perdido la guerra en su país, contribuyeron a la victoria sobre el nazismo. Una vez constituido el grupo, acometimos las tareas que entendíamos imprescindibles: La primera, alcanzar el nivel adecuado en cuanto a uniformidad y equipamiento. Tal cosa pasaba por adquirir todos los elementos requeridos que, en su inmensa mayoría, eran de origen estadounidense. Las principales fuentes de aprovisionamiento para este fin son, hoy por hoy y como dijimos antes, los comercios especializados, las “tiendas virtuales” de material original o de reproducciones y en buena medida, las subastas en Internet sobre las que gobierna con poder absoluto E Bay. El uniforme y el equipo de La Nueve, como el de toda la 2e DB, provenía enteramente de la intendencia USA, pero existen algunas especialidades que marcan la diferencia. Así, prendas de cabeza como el “bonnet de police” o “calot” azul de las tropas coloniales francesas a las que pertenecía el Regimiento de Marcha del Chad, o el muy característico quépi. Las insignias y las divisas de grado también eran diferentes.

Mención especial merece la adquisición del armamento. Esta es la más gravosa de las adquisiciones, puesto que el precio actual de los fusiles “Garand”, las carabinas “M-1” , los subfusiles “Thompson” o las pistolas “Colt”, las armas de La Nueve, no es precisamente bajo. Afortunadamente, todavía se encuentran correctamente inutilizadas en algunos “stocks” y en manos de coleccionistas particulares. Otro elemento común del grupo, del que nos sentimos especialmente orgullosos, es el “fanion” o banderín , del que hemos realizado una reproducción exacta del original, que se encuentra en el museo del Regimiento de Marcha del Chad. Al tiempo que completábamos nuestro equipo, individual y colectivo, iniciamos una labor de investigación que ha resultado verdaderamente apasionante y que ha dotado a La Nueve de su auténtica naturaleza como algo que va mucho más allá que el puro entretenimiento. Se trataba de conocer con precisión de historiador tanto las reglas militares como los usos y costumbres comunes de los soldados de la época, en este caso de los alistados en el nuevo ejército francés de la liberación, para, a continuación, ser capaces de escenificar esa cotidianeidad. Eso incluía tanto el “ordre serré”, es decir, la instrucción en orden cerrado como las tácticas en campo abierto a nivel de compañía. También, por supuesto, la organización divisionaria, el material empleado, las tácticas de sus grandes unidades o el complejo trasfondo de las relaciones político militares franco-aliadas.

A todo esto se sumaría una investigación muy específica dirigida a conocer con detalle la historia de la Novena Compañía, desde sus orígenes hasta el final de la guerra, y de los hombres que formaron parte de ella. Ese trabajo ha dado sus frutos y hoy sabemos qué hizo La Nueve en cada uno de los días en que estuvo en combate desde su desembarco en Normandía, y tenemos detalles muy precisos sobre las acciones en las que participó, los nombres de sus caídos o incluso la relación completa de su armamento en un momento determinado. En definitiva, nuestro conocimiento sobre la unidad que representamos es, probablemente, muy superior a la media del que otros grupos poseen sobre sus unidades de referencia, sin duda gracias a que nuestra fuente de información son algo más accesibles.

Todo ese esfuerzo, dirigido a definir correctamente la reconstrucción histórica como una afición que combina el entretenimiento con los contenidos didácticos, de salvaguarda de la memoria histórica y de investigación está dando sus frutos. “La Nueve” es ya sobradamente conocida entre los grupos españoles de recreación y especialmente en Francia, donde ha sorprendido un tanto nuestra existencia porque, a menudo, el papel de los no franceses en la liberación no ha gozado, por diversas razones, de la relevancia que merece.

En lo que se refiere a nuestro país, y en conexión con los objetivos que La Nueve se ha trazado, es hora de que desde las instituciones públicas con responsabilidades en la materia dediquen a la dramática aventura de los españoles combatientes en la Segunda Guerra Mundial el reconocimiento que hasta ahora les ha sido negado, algo para lo que el futuro Museo del Ejército puede ser un instrumento sumamente eficaz.

Con todo, la reconstrucción histórica de la Segunda Guerra Mundial necesita espacios para mostrarse y salir de lo que actualmente es una situación de casi semi-clandestinidad. Es necesario que desde la iniciativa privada y desde el impulso de las distintas administraciones se den facilidades para la celebración de eventos en los que puedan presentarse los grupos ante el público, o al menos que no se pongan demasiados inconvenientes para ello. Se trata de una manera de explicar hechos históricos que resulta sumamente atractiva para el público, porque se realiza mediante un espectáculo que no deja de ser didáctico. Una buena oportunidad para “instruir deleitando” que no debería dejarse pasar en ningún caso.


 
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